Con ocasión de la visita 162 de la Divina Pastora a
Barquisimeto, ella estuvo visitando la Parroquia de Cristo Rey el pasado
domingo 04 de febrero. Y como todos los años el Noviciado Jesuita San Pedro Claver tiene un
espacio para celebrar la Santa Misa, en donde el novicio más joven tiene la
homilía. Compartimos la homilía de Jesús Mendoza novicio de primer año.
¡Muy buenos días!
En verdad, hoy, es un día muy bueno: hemos sido puestos, y
estamos, con el Salvador del Mundo, Nuestro Señor Jesucristo, por la bella intercesión
de nuestra Madre María La Divina Pastora.
Ella ha querido echar la suerte con nosotros en esta tierra
larense, y que decide compartir con nosotros su Vida; nos quiere poner con su
Hijo. Es por ello que, en nuestra Parroquia de Cristo Rey, estamos llenos de
alegría y devoción porque «La Divina Pastora nos visita.»
Este gesto de la visita de nuestra Madre resuena mucho con
algo que acabamos de oír de la Buena noticia de San Marcos: «Vamos a los
pueblos cercanos para predicar también allá el Evangelio, pues para eso he
venido.»
El Evangelio es para todos. Hay que declararlo a todos.
El Evangelio nos invita a participar en una Iglesia
misionera en donde podamos llevar el mensaje de Salvación.
Y ¿dónde somos
misioneros?
Somos misioneros en la familia cuando cuidamos el valor de
la vida, en los grupos parroquiales que se involucran en las obras de
misericordia, en el trabajo cuando somos justos con nuestras acciones.
También se es
misionero cuando un joven es constante en su formación, en su aprendizaje y en
su compromiso con otros jóvenes, que se preocupan por resolver las necesidades
de los demás.
De igual manera, cuando un abuelo comparte su sabiduría
para iluminar el horizonte de nuestras vidas. O cuando un niño comparte con
nosotros su alegría y nos transforma el corazón. Por eso el Evangelio es para
todos. Hay que declararlo a todos.
Por eso es un regalo tener entre nosotros a nuestra Madre
la Divina Pastora en nuestra parroquia
de Cristo Rey, porque ella se ha hecho cercana con su escucha, con su oración,
con su ternura, con su acogida, ya que se ha hecho discípula de Jesús,
misionera de la esperanza.
La invitación del evangelio es a experimentar en nuestras
vidas a Dios con nosotros», que nos hace hijos suyos para reconstruir nuestra
realidad. Nosotros al reconocernos hijos de María y seguidores de Jesús nos
transformamos en misioneros de la esperanza, de la fe, de la justicia, de la
reconciliación y del amor comprometido.
Nosotros, al modo de
María y de los discípulos, hemos descubierto que de ahora en adelante «servir a
Jesús» es lo más importante.
En el Evangelio apreciamos al Señor Jesús sanando a la
suegra de Simón, que «en ese momento se le quitó la fiebre y se puso a
servirles.» También, lo apreciamos con la curación de los enfermos y la
liberación de los endemoniados.
Los que han sido sanados y curados por Jesús se han puesto
a su disposición porque han experimentado un amor profundo en sus vidas, que
les ha permitido ver todas las cosas como nuevas, es decir, renacen a la
esperanza, a la buena convivencia, a la solidaridad entre todos como una gran
comunidad.
Jesús quiere ganar todo y a todos para Dios.
Nosotros seguimos a ese Jesús. Y La Divina Pastora,
también.
En la primera lectura, Job nos muestra su impotencia, su
sufrimiento, su tormento, y se lo ofrece a Dios, para que tenga misericordia de
él.
Hoy puede pasarnos a muchos venezolanos como a Job. Incluso
podemos llegar a decir junto con Él: «mis ojos no volverán a ver la dicha.»
Pero la experiencia que nos deja nuestro Señor Jesucristo es la curación de
nuestros tormentos para producir vida, para dar fruto, cayendo en la cuenta de
nuestras capacidades humanas y sociales como medios para alcanzar la
transformación de las sombras por la luz.
Gracias
Divina Pastora por quedarte con nosotros y mostrarnos con tu vida esta Buena
Noticia.
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