Tuesday, February 6, 2018

¡Ganarlos a todos!


Con ocasión de la visita 162 de la Divina Pastora a Barquisimeto, ella estuvo visitando la Parroquia de Cristo Rey el pasado domingo 04 de febrero. Y como todos los años el Noviciado Jesuita San Pedro Claver tiene un espacio para celebrar la Santa Misa, en donde el novicio más joven tiene la homilía. Compartimos la homilía de Jesús Mendoza novicio de primer año.

 ¡Muy buenos días!

En verdad, hoy, es un día muy bueno: hemos sido puestos, y estamos, con el Salvador del Mundo, Nuestro Señor Jesucristo, por la bella intercesión de nuestra Madre María La Divina Pastora.

Ella ha querido echar la suerte con nosotros en esta tierra larense, y que decide compartir con nosotros su Vida; nos quiere poner con su Hijo. Es por ello que, en nuestra Parroquia de Cristo Rey, estamos llenos de alegría y devoción porque «La Divina Pastora nos visita.»

Este gesto de la visita de nuestra Madre resuena mucho con algo que acabamos de oír de la Buena noticia de San Marcos: «Vamos a los pueblos cercanos para predicar también allá el Evangelio, pues para eso he venido.»

El Evangelio es para todos. Hay que declararlo a todos.

El Evangelio nos invita a participar en una Iglesia misionera en donde podamos llevar el mensaje de Salvación.

 Y ¿dónde somos misioneros?
Somos misioneros en la familia cuando cuidamos el valor de la vida, en los grupos parroquiales que se involucran en las obras de misericordia, en el trabajo cuando somos justos con nuestras acciones.

 También se es misionero cuando un joven es constante en su formación, en su aprendizaje y en su compromiso con otros jóvenes, que se preocupan por resolver las necesidades de los demás.

De igual manera, cuando un abuelo comparte su sabiduría para iluminar el horizonte de nuestras vidas. O cuando un niño comparte con nosotros su alegría y nos transforma el corazón. Por eso el Evangelio es para todos. Hay que declararlo a todos.

Por este mismo motivo, en la segunda lectura que acabamos de escuchar, San Pablo nos cuenta  que: «Me he hecho todo a todos, a fin de ganarlos a todos.» Esta es la gran obra de los discípulos de Jesús, de sus compañeros: ganar a todos los hombres a su servicio, movidos por la experiencia de haber sido primero conquistados por él.

Por eso es un regalo tener entre nosotros a nuestra Madre la Divina Pastora en nuestra   parroquia de Cristo Rey, porque ella se ha hecho cercana con su escucha, con su oración, con su ternura, con su acogida, ya que se ha hecho discípula de Jesús, misionera de la esperanza.
La invitación del evangelio es a experimentar en nuestras vidas a Dios con nosotros», que nos hace hijos suyos para reconstruir nuestra realidad. Nosotros al reconocernos hijos de María y seguidores de Jesús nos transformamos en misioneros de la esperanza, de la fe, de la justicia, de la reconciliación y del amor comprometido.

 Nosotros, al modo de María y de los discípulos, hemos descubierto que de ahora en adelante «servir a Jesús» es lo más importante.

En el Evangelio apreciamos al Señor Jesús sanando a la suegra de Simón, que «en ese momento se le quitó la fiebre y se puso a servirles.» También, lo apreciamos con la curación de los enfermos y la liberación de los endemoniados.

Los que han sido sanados y curados por Jesús se han puesto a su disposición porque han experimentado un amor profundo en sus vidas, que les ha permitido ver todas las cosas como nuevas, es decir, renacen a la esperanza, a la buena convivencia, a la solidaridad entre todos como una gran comunidad.

Jesús quiere ganar todo y a todos para Dios.

Nosotros seguimos a ese Jesús. Y La Divina Pastora, también.

En la primera lectura, Job nos muestra su impotencia, su sufrimiento, su tormento, y se lo ofrece a Dios, para que tenga misericordia de él.

Hoy puede pasarnos a muchos venezolanos como a Job. Incluso podemos llegar a decir junto con Él: «mis ojos no volverán a ver la dicha.» Pero la experiencia que nos deja nuestro Señor Jesucristo es la curación de nuestros tormentos para producir vida, para dar fruto, cayendo en la cuenta de nuestras capacidades humanas y sociales como medios para alcanzar la transformación de las sombras por la luz.

Estamos aquí para «alabar al Señor, nuestro Dios», como rezamos en el salmo. Estamos aquí para orar por nuestro país ante Jesús y Nuestra Madre la Divina Pastora: por la gente que sufre, por la gente que pasa hambre, por los enfermos que no consiguen medicinas, por nuestros familiares que están fuera del país, por aquellos que han perdido a sus seres queridos, por los que están cegados por el poder y no dejan que el pueblo viva dignamente. Estamos aquí con el Señor, y su Madre, para ser conquistados. Estamos aquí para luego salir a ganar a nuestra querida y atribulada sociedad para Dios.

Gracias Divina Pastora por quedarte con nosotros y mostrarnos con tu vida esta Buena Noticia.


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